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Personas y operaciones

Haces todo lo que se supone que tienes que hacer (pero algo falla)

Ros Megías explica por qué tantos propietarios de clínica sienten que ya no saben qué más hacer y propone tres preguntas para encontrar la pieza que suele quedarse fuera: la persona que dirige.

Foto de Ros MegíasRos Megías·Colaboradora de GestiónDental.es · Odontóloga y mentora de sanitarios·

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Tres jarras de cristal de distinto tamaño con agua sobre una mesa iluminada por el sol
Ros Megías · Imagen editorial de GestiónDental.es

«Ya no sé qué más tengo que hacer»

Hay una frase que escucho con frecuencia cuando hablo con propietarios de clínica que llevan años trabajando duro, formándose e invirtiendo en su negocio y en su equipo.

Y lo dicen con una mezcla de frustración y perplejidad, porque si algo define a estas personas es el movimiento. Son profesionales que se actualizan constantemente en lo clínico, que buscan la última técnica, el último material o la última especialización.

Son profesionales que, además, han entendido que la clínica es un negocio y han invertido en formarse como empresarios: han hecho cursos de gestión, alguno incluso un máster, y han aprendido de marketing, de ventas, de liderazgo, de equipos y de finanzas.

Han hecho todo lo que se supone que hay que hacer para tener una clínica que funcione bien y una vida profesional satisfactoria.

Y, sin embargo, algo sigue sin encajar.

La frustración persiste. Persiste también la sensación de avanzar mucho y no llegar, y un agotamiento que sigue ahí aunque la clínica vaya bien. En los momentos de calma es cuando aparece la pregunta de fondo: ¿esto es lo que quería cuando empecé?

“Ya no sé qué más tengo que hacer.”

Tres jarras de agua

En 1942, el psicólogo Abraham Luchins planteó a un grupo de personas un acertijo aparentemente sencillo. Tenían tres jarras de distinta capacidad y debían conseguir una cantidad exacta de agua. Tras resolver varios problemas seguidos, todas descubrían la misma fórmula: llenar la jarra grande, retirar de ella el contenido de la mediana y después, dos veces, el de la pequeña. Funcionaba siempre.

Entonces Luchins cambió las reglas sin avisar. Les planteó problemas que se resolvían de una forma muchísimo más simple, con solo dos jarras. La mayoría siguió aplicando la fórmula larga, la que ya conocía y le había dado buenos resultados. Y cuando llegó un problema que solo admitía la solución sencilla, muchas de esas personas se quedaron atascadas. Mientras tanto, quienes empezaban de cero, sin fórmula aprendida, encontraban el camino corto casi a la primera.

Se conoce como efecto Einstellung, una palabra alemana que podríamos traducir como "actitud" o "predisposición". Cuando una forma de hacer las cosas nos ha funcionado, la repetimos aunque haya dejado de ser la mejor, y la mente se cierra a otras opciones que tiene delante.

Lo más esperanzador del experimento llegó después: bastaba con una advertencia escrita en la hoja, una invitación a mirar con atención antes de resolver, para que muchas más personas encontraran la solución sencilla.

Quien dirige una clínica lleva años perfeccionando sus propias fórmulas: cuántas horas hacen falta, cómo se lidera un equipo, qué significa trabajar bien, qué se espera de una buena profesional. Esas fórmulas funcionaron en su momento, y precisamente por eso cuesta tanto ver cuándo han empezado a jugar en contra.

La pieza que falta en la ecuación

Cuando me encuentro con alguien en ese punto, lo que veo casi siempre es lo mismo. Ha invertido en su clínica. Ha invertido en su equipo. Ha invertido en su destreza técnica. Ha invertido en su desarrollo empresarial. Pero hay una pieza de la ecuación que se ha quedado fuera, casi siempre sin darse cuenta: la propia persona.

La manera en la que piensa. Los patrones que repite sin haberlos elegido conscientemente. Las creencias heredadas sobre lo que significa trabajar bien, liderar bien y tener éxito. Los límites que sabe que necesita y sigue aplazando. Las decisiones que toma desde el agotamiento en lugar de hacerlo desde la claridad.

Todo eso es una parte enorme de la ecuación, y es la parte que los cursos de gestión dejan fuera, porque los cursos de gestión hablan de la clínica y dejan a un lado a quien la dirige.

Es como pedalear con un palo metido entre los radios de la rueda. Puedes seguir pedaleando, y puedes hacerlo con más fuerza, pero mientras el palo esté ahí, avanzar siempre te va a costar más de lo que debería.

Tres preguntas para encontrar el palo

Te propongo un ejercicio sencillo para hacer con calma, un domingo por la tarde o en el trayecto de vuelta a casa. Coge papel y responde a estas tres preguntas con toda la honestidad que puedas.

1. ¿Qué hago cada semana porque "siempre se ha hecho así", sin haberlo decidido realmente yo? Es tu fórmula de las tres jarras: aquello que funcionó en su día y sigues repitiendo por inercia.

2. ¿Qué límite sé que necesito y llevo meses aplazando? Puede ser un horario, una disponibilidad permanente en el móvil, una conversación pendiente con alguien del equipo o una tarea que sigues haciendo tú porque "así acabo antes".

3. ¿Qué decisión de este último mes he tomado desde el cansancio? Y, sobre todo, ¿qué habría decidido con la mente descansada?

Lo que aparezca en esas respuestas suele ser la pieza que falta. Y para empezar a cambiar basta con elegir una sola: una costumbre que revisar, un límite que poner o una decisión que retomar con más claridad.

Si llevas tiempo haciendo todo lo que se supone que hay que hacer y algo sigue sin avanzar como esperabas, quizá ha llegado el momento de mirar hacia dentro, en lugar de seguir esforzándote hacia fuera. Como en el experimento de Luchins, a veces la solución más sencilla lleva tiempo delante de nosotros, esperando a que la miremos con otros ojos.

Este año, ¿cuántas horas has dedicado a formar tu clínica y cuántas a cuidar a la persona que la dirige?

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Aplicación práctica

Qué significa para tu clínica

  • →Identifica una tarea semanal que repites porque «siempre se ha hecho así» y decide si sigue teniendo sentido.
  • →Elige un límite que llevas meses aplazando y ponle fecha esta semana.
  • →Revisa una decisión reciente tomada desde el cansancio y retómala con la mente descansada.

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